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Sábado, 16 de diciembre de 2017
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Ángela Figuera Aymerich
ANGELA FIGUERA AYMERICH, FEMINISMOA

Itzuli

SEGUNDA FASE (1950-1953)

La segunda fase de la poesia de Angela Figuera consiste en cuatro libros: Vencida por el ángel (1950), El grito Inútil (1952), Los días duros (1953), y Víspera de la vida (1953). Estos libros se leen tradicionalmente como denuncias mordaces del estancamiento socio-político de la España de posguerra. Sin rechazar esta lectura, una aproximación postmodema haria hincapié en aquellos poemas en que el orden patriarcal aparece subvertido y socavado, y en la consideración global de estos libros como manifestaciones de la cólera de la mujer, (9) una cólera que Angela Figuera critica en sí misma y manifiesta en su sentido de culpa, egoismo e inutilidad.

Vencida por el ángel (1950). Una interpretación tradicional de esta colección de cinco poemas haría resaltar el hecho de que Figuera -con el sorprendente cambio de tono utilizado por primera vez en este libro- quiere llamar la atención de sus lectores a las profundas injusticias sociopolíticas existentes en su pals. Una lectura postmodema sin embargo también resaltaría el hecho de que Figuera se inspire en la condición de la mujer, particularmente las pobres y marginadas. Por ejemplo en "Egoísmo" -poema en que la hablante se identifica con las fuerzas opresoras para mayor destacar su propio egoísmo-leemos estas líneas:

Fuera, las madres dóciles que alumbran
con terrible alarido;
las que acarrean hijos como fardos
y las que ven secarse ante sus ojos
la carne que parieron y renuevan
su grito primitivo. (111)
Desde su posición relativamente protegida,
la pota entiende mejor el que las injusticias
cometidas por las fuerzas. hayan hecho
un daño incalculable a las madres "desarmadas"
del país.


Una segunda observación pertinente es que en esta colección Figuera empieza por primera vez a desarrollar una perspectiva subvrsiva hacia la religión. En "Bombardeo" los fascistas -símbolos prototípicos del egoísmo y de la hegemonía masculina- se presentan no sólo como asesinos (de mujeres y de niños inocentes) sino también como una fuerza que derriba las mismas instituciones (particularmente la Iglesia Católica) que pretenden defender. La hablante de "Bombardeo" se describe corno la Virgen María -Yo no iba sola entonces. Iba llena de ti y de mi (119}/ "yo colocaba, dulce, mis dos manos / sobre mi vientre que debió cubrirse / de lirios y de espumas y esas telas /que visten, recamadas, los altares." (120}- y describe a los soldados como "ciegos" y "brutos" porque tratan cruelmente a todos. En otras palabras. Figuera ha empezado a utilizar la situación precaria de la mujer en el mundo deshumanizado de posguerra como otra "arma" en su desenmascaramiento de las fuerzas hegemónicas masculinas -las Fuerzas Annadas y la Iglesia Católica-.

Una tercera observación que quisiéramos hacer es que en esta época Figuera empezó a ver las limitaciones de sus "poetisas" compañeras. Al criticarles por sus "suspirillos rimados" y por ver su vocación como "una visita de cumplido" , en el poma "Exhortación impertinente a mis hermanas poetisas", Figuera está denunciando, de hecho, las limitaciones impuestas por la cultura de su país sobre la estética femenina. Figuera seleccionó palabras e imágenes deliberadamente provocativas para instar a sus compañeras a escribir sobre la realidad que las rodea:

y dejad que la vida poderosa y salvaje
os embista y derribe como toro bravío
al caer sobre el anca de una joven novilla. (302)


Incluso las exorta a que mediten sobre los "contornos" del cuerpo de la mujer durante el orgasmo, y concluye animándolas a ser tan fuertes como Eva:

Eva quiso morder en le fruta. Mordedla,
y cantad el destino de su largo linaje
dolorido y glorioso, Porque, amigas, la vida
es así: todo eso que os aturde y asusta. (303)
(10)


El grito Inútil (1952). Una lectura tradicional de estos diecinueve poemas señalaria que la poeta cree que es inútil gritar contra las injusticias sociales y políticas de la España de los años cincuenta. La lectura postmodema enfoca más bien la vertiente psicológica de esta protesta: la mujer grita porque la cultura hegemónica no presta ninguna atención a sus palabras; las mujeres que gritan son desvalorizadas como "histéricas" y pronto pierden confianza en sus propias intuiciones. En una serie de poemas que versa sobre este asunto -"El grito inútil", "el mundo", "Silencio", "Sobramos", "Estación", "Y ahora el llanto" -Figuera se queja de que su única función sea el de gritar y de lamentar el estado de las cosas.

Como en el libro anterior, Figuera sigue denunciando la condición de las mujeres más pobres de la sociedad (ver "Mujeres del mercado", "Pobre", "Exodo"), y extiende esta protesta para señalar los abusos que se cometen contra todos los no emancipados, los sometidos -como los trabajadores manuales, los labradores y braceros (ver p. ej. "Manos vendidas" 183).

Sin embargo, en este libro la protesta está canalizada más que nunca por medio de la representación de la deplorable condición de la mujer. El poema "El grito inútil" comienza así: "¿Qué vale una mujer? ¿Para qué sirve / una mujer viviendo en puro grito?" (171); una mujer es tan inútil como una ardilla: "¿Qué puedo yo con estos pies de ardilla?" La poeta se considera "preñada ya tan sólo de mi muerte". (171), y concluye su grito desesperado con estas líneas:

y yo pregunto, vadeando a solas
un río de aguas turbias y crueles,
¿qué puede una mujer, para qué sirve
una mujer gritando entre los muertos? (172)
Queremos destacar el hecho de que
Figuera se haya dado cuenta de que el
grito en sí no es necesariamente "inútil",
es "inútil" porque es un grito emitido por una mujer


Otra cosa de interés psicológico es que Figuera ha empezado a perder confianza en su talento; en lugar de sentirse "preñada de hijos" se siente "preñada de muerte", Figuera de pronto nos está ablando desde la perspectiva de una mujer que ha dejado de desempeñar sus papeles tradicionales -de ser amante, mujer, madre, de criar a los hijos; y ya que la cultura no le asigna otro papel, se siente vacía o "muerte" como persona. Esta actitud social destruye la confianza de la mujer, su autoestima, y le crea un sentido de culpabilidad por no cumplir con los papeles aprobados por la cultura en que vive. Por ejemplo, en "Posguerra" la poeta lamenta que no puede cuidar de los que han sobrevivido la Guerra Civil (a pesar de ser ésta una tarea tradicional de cualquier madre o mujer):


Y yo sé que no puedo darles nada. Como ellos
soy un resto, una fuga,
una angustia cercada de horizontes difíciles,
un pulmón oprimido por tiránicos puños,
una estancia, vacía de divinas presencias,
cuyos muros gotean de sudor y llanto.
La venganza callada de millones de muertos.
(171)


Aunque el último verso hace alusión a Dámaso Alonso (11) las metáforas anteriores -"una angustia cercada", "un pulmón oprimido", "una estancia... de sudor y de llanto"- son figuras nacidas de la condición marginada de la mujer, encerrada por la indiferencia de la cultura patriarcal que no presta atención a las preferencias del sexo débil". Figuera nos dice, desde luego, que es inútil gritar siendo mujer, y que la que lo intenta termina dirigiendo el grito hacia sí misma por su falta de poder.

El furor de Figuera llega a tal extremo que sugiere que la única solución será una revolución hecha por todas las mujeres del mundo. La hablante en "Rebelión" pregunta "¿Por qué llenar prisiones y cuarteles?" (179-80), y declara que para cambiar la naturaleza del orden estableddo, las madres del mundo tendrán que dejar de dar a luz: "No más parir abeles y caínes".

Los días duros (1953). Una lectura tradicional de este libro tendría que comentar el pesimismo de su cosmovisión: el tiempo en que le toca vivir a la poeta es un abismo, una abominación contaminada y sin sentido ("Vamosde nada a nada. Sin destino". 131); al ser humano le falta dirección (" Tiempo de lágrimas" 128); la sociedad está arruinada y muchos padecen hambre. Esta misma lectura tendría que comentar la preocupación de la poeta por la vejez, por los trastornos políticos de medio siglo y por las numerosas injusticias que observó con sus propios ojos.

Una lectura postmoderna enfocarla esta temática en la imagen de la mujer que se halla en los poemas: Figuera cambia la significación de la metáfora "barro" para insistir en que la mujer necesita hacerse "dura" en el mundo moderno; además, desmitifica la maternidad y vuelve a rechazar el statu quo religioso.

En "Los días duros", primer poema y título de esta colección, Figuera se refiere a "mi dócil barro femenino" (125), haciendo una clara alusión intertextual a su primer libro, Mujer de barro, cuyo primer poema rezaba así:


Mujer de barro
Mujer de barro soy, mujer de barro:
pero el amor me floreció el regazo (25).


El idealismo implícito en este más temprano poema (el sencillo "barro" que tiene la capacidad de "florecer") sufre una profunda modificación en "Los días duros" porque la poeta no alude a la blandura de la mujer ("el regazo") sino a "lo recio femenino" (12). A continuación la poeta hace un contraste entre la mujer joven y la mayor:


Ya no es escudo el hijo entre los brazos.
Ya no es sagrado el seno desbordante
de generoso jugo, ni nos sirven
los rizos de blasón, ni nos protege
la condecoración de la sonrisa.
está la miel, pero la miel no basta. (126)


La hablante es consciente de haber dejado de ser "una niña extasiada" para convertirse en una mujer "con labios erizados, con garganta hostil y azuzadora" .Corno mujer madura "no puedo desmayarme blanda", se dice, porque tiene que confrontar "los días duros, agrios". Concluye con la afirmación de que "a la embestida seca de los machos... hay que oponer lo recio femenino" (127). Debemos añadir que la actitud feminista de Figuera en este largo poema parece inofensiva y poco revolucionaria en su contexto total, sin embargo se fundamente su perspectiva sobre la creencia implícita de que la mujer española tendría que deshacerse del comportamiento tradicional en que la cultura la tiene encasillada -tendrá que ser "recia", es decir fuerte y agresiva, y no "blanda", para combatir estos "días duros" del orden patriarcal.

En "madres" (132-33), Figuera se propone desmitificar el concepto tradidolial de la maternidad ("úteros fecundos" 132). Para las madres del mundo, el orgasmo no es un sencillo gozo frenético y eufórico, por la sencilla razón de que los hijos que engendran se convierten en esclavos de la fábrica, en forraje para la guerra y para la muerte. (13) Además en este poema la hablante pasa revista a los papeles que la literatura y la vida han señalado a la mujer -tentadora, compañera en juegos sexuales, paridora y criadora de niños- para terminar con este llamamiento implícito a la armas: "madres del mundo, tristes paridoras, / gemid, clamad, aullad por vuestros frutos" (133). Con estas breves observaciones espero haber demostrado que una lectura feminista de "madres" rápidamente encuentra mucho más que una condenación de la guerra; es una denunda implícita de la civilización machista que utiliza la mujer para sus propios fines.

La tercera observación que quisiéramos hacer respecto a Los días duros tiene que ver con la más obvia denuncia que hace Figuera de la Iglesia Católica y su dogma. El destino de la mujer, en el poema llamado "Destino" (141-42), es de ser engañada por Dios quien la "encadena / al ritmo y servidumbre de la especie". (141). Figuera cree que su obligación como "Poeta" (134-35) es la de mantenerse alerta a lo que está ocurriendo en el mundo; afirma que "el grito convulsivo" del poeta debe ser siempre "insumiso" .Y este grito se dirige en contra de la Iglesia y su modo de actuar y pensar en el mundo moderno. En varios de estos poemas la poeta se describe como médium en espera de los mandatos de Dios (ver págs. 136-39): en oposición a la Iglesia establecida y patriarcal, ella se ofrece a captar y transmitir los verdaderos mensajes de Dios y de hacerlos efectivos en la sociedad que la rodea. Aunque Figuera no lo dice explícitamente, ella se percibe una desconfianza hacia la Iglesia (14) porque su dogma ha sido interpretado (es decir, inventado) por hombres y porque su comportamiento (poco cristiano) en el mundo moderno es dictado siempre por ellos, ignorando la mujer o señalándole un papel pasivo. Por el contrario, en estos y otros poemas de sus Obras completas Figuera describe una postura cristiana poco ortodoxa y totalmente antipatriarcal en que la mujer asume un papel activo y fundamental.

Víspera de la vida (1953) es el último libro en este período sumamente fértil de tres años (1950-1953), y una lectura tradicional se interesaría en su meditadón sobre la muerte (las de la madre y la hermana de la poeta, las de Abel y de Jesucristo). Una interpretación postmodernista tendría que insistir en que Figuera se identifica con Eva, la primera madre en quien la vida y la muerte tiene su origen: "¿Por qué he de ser mujer repetida de Eva". (149). Empieza a describir -siguiendo la recomendación de Rilke, hecha en uno de sus poemas- desde la perspectiva de la mujer en parto; el poema lleva el título "Víspera de la vida" y al menos por un nivel su mensaje para la mujer parece ser el socrático -más vale no nacer-:

Acércate a una madre en el instante
de desgarrarse, distendida, rota
en un terrible chorrear de gritos,
de sangre, de sudor, de íntimos jugos
que corren brutalmente, macerando,
tundiendo, dilatando sin demencia
las fibras más sensibles... (145-46)
Figuera obviamente concentra la
fuerza de sus imágenes sobre la
condición nada envidiable de la mujer /
madre quien ofrece vida nueva y muerte
inminente. En "Mundo concluso" se
pregunta: -¿Por qué he de parir hombres
iguales a otros hombres / abrumadoramente
monótonos e iguales?- (149). Y en "Nadie
sabe" (150-51), la hablante nos dice que
nadie quiere saber nada de la condición de
la mujer, ni de su placer ni de su dolor:

mas nada digas del tremendo rito
pues nadie sabe nada de los besos
nl del amor ni del placer, ni entiende
la rueda sacudida que nos pone
el hijo concluido entre los brazos
Clama sin grito, llora sin estruendo,
pues nadie sabe nada de las lágrimas.
Vete a hurtadillas. Con discreto paso. (151)


Como nunca antes Figuera se queja de la condición de ser mujer "desnuda y con gemido entre los hombres" (153). Y en el poema "Desarmada" -que concluye con estas líneas "Y soy una mujer. Apenas algo. / Carne desnuda, sola, desarmada" (154}- desea tener "espinas, garras, algún veneno amargo y corrosivo" para combatir el estado indefenso en que se encuentra.

El hecho es que en Víspera de la vida algunas metáforas originales y desgarradoras de Angela Figuera tienen su origen en la experiencia de la mujer -no como regazo materno sino como conducto de vida y muerte, como persona marginada y rnalentendida. La solución que Figuera sugiere para esta situación negativa es la purificación por medio de la sangre. En el poema "La sangre" en efecto se ofrece como víctima propiciatoria:

Cuando yo me muera, abridme, desatadme las frágiles esclusas de las venas. Vertedmi sangre toda. Derramad la. Absórbala latierra como suya y el agua deslizante de algún río unte con ella el lomo de sus peces. (161)
Si la mujer es inútil en vida -según la cultura hegemónica y patriarcal- le quede el recurso a su imaginación, donde reasume su papel de vieja diosa pagana en espera del renacimiento de la especie. Por medio de la inmolación cumple con uno de los papeles históricamente indicados
para la mujer.

 

*Notas

(9) Carmen Conde (18) parece criticar a Figuera por el "fiero... acento" de estos libros.

(10) Según García de la Concha (340), este poema apareció primero en el número 45 de Espadaña (1950).

(11) Probable eco de "Insomnio" en Hijos de la ira:"Madrid es una ciudad de más de un millón de cadáveres (según las últimas estadísticas)".

(12) Mantero (84) opone "Lo recio temenino"a "o delicadísimo".

(13) En esto se asemejan las madres del mundo a la Virgen María -alusión que se hace muchas veces en la poesía de Figuera, y nunca de un modo sentimental.

(14) Sin embargo, en Lechner (vól 2 pág. 165) leemos esta respuesta: "Católica. Practicante hasta 1936. Luego no".

Itzuli

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