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Sábado, 21 de abril de 2018
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Ángela Figuera Aymerich

ANGELA FIGUERA AYMERICHEN TEORIA POETIKOA

Itzuli

Poesía imitativa de juventud

En este primer apartado se agrupan las composiciones recogidas en el cuaderno dedicado por Angela a Julio durante su noviazgo, única muestra conservada de su época juvenil, con poemas fechados entre 1920 y 1926. Sin embargo, todos los testimonios vienen a coincidir en que su producción de estos años debió de ser mucho más amplia (11). De toda ella sólo se conoce hoy este conjunto a cuya publicación se opuso siempre Angela (12)

El origen de dicha actitud negativa hacia sus primeros trabajos, así como la no conservación de muchos de ellos, se deriva de la propia convicción de la escritora que los consideraba versos de escasa calidad literaria. Ella misma los calificaría de "imitativos", definición que encierra un evidente tono peyorativo:
 

Desde niña añoraba la poesía e intentaba escribirla por mi cuenta. Malos versos imitativos, inexpertos y sobrecargados que no publiqué y de los que apenas conservo unos cuantos.(13)


En la misma entrevista en la que vertía estas afirmaciones, la escritora establecía una vez más la certeza de que la capacidad poética constituye una predisposición innata al individuo, una habilidad personal previa a su cultivo:
 

Unos nacen con disposición y devoción a las matemáticas, otros a la música o a la mecánica. Del mismo modo se nace con el afán y la disposición de escribir. No es ningún mérito.


No obstante, esta idea, tajantemente resumida con un "no hay nada mágico ni extraordinario en ello", no refleja con exactitud a la poetisa de sus primeros escarceos literarios; o al menos, no es esta la idea que se puede extraer de la lectura de sus trabajos juveniles. Tampoco puede olvidarse que entre estas afirmaciones y la composición de los primeros versos conservados median casi cincuenta años y con ellos toda una serie de acontecimientos de importancia capital en su obra, cincuenta años, además, de iniciación, perfeccionamiento y afirmación poética. 

Analizando el corpus poético que ofrece el cuaderno inédito y haciendo abstracción de posteriores opiniones que sobre ellos daría a conocer Angela, se descubre en muchas de sus páginas la impronta de una estética muy próxima al modernismo y al romanticismo, con una concepción idealizada del quehacer poético, creación entendida de una manera casi mágica, en abierto contraste con lo que afirmaría años más tarde. 

En este conjunto no aparecen excesivas referencias metapoéticas, quedando prácticamente reducidas a dos poemas, Ofertorio e Impotencia(14), y a algunas alusiones dispersas. A pesar de ello, dichas reflexiones indican desde el comienzo una línea de pensamiento que se prolongará, con distintas matizaciones, a la largo de la mayor parte de su obra publicada. 

Respecto a la primera de las composiciones, Ofertorio, se trata de un poema bastante breve, veinte versos, fechado en 1922, que viene precedido por un antetítulo en página distinta, "Envio". Ello evidencia su carácter de dedicatoria, constituyéndose, al mismo tiempo, en una auténtica declaración de intenciones. Este último aspecto queda reforzado al tratarse del poema que abre el cuaderno lo cual le proporciona un evidente valor representativo a la hora de considerar las opiniones allí contenidas.

Llama la atención en este poema el tono y el lenguaje grandilocuente, característico de todo el conjunto, pero que aquí alcanza, tal vez, uno de sus momentos más agudos. Paralelamente, su sentido general será de carácter idealizador, considerando el poema como una muy valiosa expresión del alma. De esta manera, el cantar es equiparado a un ánfora de oro que contiene la miel, es decir, el alma del poeta (15).

Concibe, por tanto, el poema como la más depurada expresión del propio sentimiento, "un extracto de ensueños e ilusión" de forma que en cada frase del canto se encuentra "un latido de mi pecho ardiente". Es el reflejo idealizado del yo, equiparado a su vez con un vaso a punto de desbordarse, como se observa en Impotencia. Dicha imagen del vaso hallará continuidad más tarde, en la llamada "etapa preocupada", con el poema Ensánchame de Los días duros (16). Considera así su yo como un alma henchida de sentimiento de la que brotará el verso que, en última instancia, es el don entregado a sus lectores. 

Volviendo a Ofertorio, la actitud de ofrenda poética hacia los demás será subrayada a lo largo de toda la composición. En este contexto, el poema, la poesía en un sentido más general, será concebida como el canto que ayude a superar "las horas tediosas o dolientes". De alguna manera, Angela identifica "poesía" con cariño y, a la vez, con una función de aliviar, en un sentido espiritual, a sus lectores u oyentes. De manera simbólica, identificará el efecto que quiere conseguir con el arrullo o, también, el refrescar de la lluvia. En este punto puede ser interesante reproducir el poema, inédito al igual que buena parte del cuaderno:

Ofertorio
¿Por qué no me escucháis, si en mis c.antares
está toda mi alma contenida,
como la miel híblea clausurada
en ánfora de oro?
¿Por qué no me escucháis, si cuando canto
pongo un latido de mi pecho ardiente
en cada frase?
No espero que me améis; sólo deseo
que os dejéis arrullar por mi cariño,
como se deja refrescar la hierba
por el rocío y por la lluvia grata.
¡Escuchadme! Dejad me que os arrulle,
y mis versos serán como un extracto
de ensueños e ilusión que eternamente
halagará vuestro sentir herido.
Y en las horas tediosas o dolientes
dará mi poesía sus efluvios
para vosotros, como una piadosa
doncella que pusiera en vuestras manos
la flor de sus encantos juveniles (17).


Esta última imagen, la equiparación de la poetisa con una doncella, posee un cierto tono servil en el que la escritora simula ponerse a los pies de un lector imaginario, concebido a la manera de un caballero en una corte de carácter fantástico, tan al gusto de la época. 
Otro aspecto que llama la atención en el poema es el receptor plural que parece querer tener la joven escritora. La escena podría plantearse como la de un juglar medieval que con sus cantares entretiene a un público presumible mente noble. Existe aquí un vosotros que tendrá poco que ver con el que se analizará en posteriores etapas. En este caso habría que entenderlo más bien como una licencia literaria mediante la cual se ubica la composición en un ambiente irreal que irá reapareciendo a lo largo de todo el cuaderno. 

En cuanto al mencionado poema Impotencia, se trata de una composición de extensión similar, diecisiete versos, fechado en mayo de 1924, que inicia un hilo temático desarrollado también en trabajos posteriores, siendo además materia de reflexión común a muchos otros autores. Se trata de la incapacidad del escritor para expresar con sus versos todo lo que lleva dentro:
 

Si el anhelo me ahoga; si quiero ardientemente;
si mi alma está henchida de todo sentimiento
¿por qué no surge el verso, se derrama y se extiende
como la pura esencia de un vaso rebosante?
y más adelante:
 
de inquietudes y ardores. Todo el ansia del mundo
la tengo cobijada en mi pecho y no puedo
devolvérsela al mundo en un supremo canto (18)


Se reiteran, en líneas generales, sentimientos y concepciones analizadas en Ofertorio, la poesía como canto, expresión de un corazón y un alma ardientes, y la poesía como ofrenda a los demás, en esta ocasión al mundo. Destaca aquí ese ansia de canto supremo tan caro al romanticismo y a Bécquer (19). Varía por otra parte, respecto al primero de los poemas, el receptor del mismo: no se dirige a un público sino a Dios, en un tono que recuerda su posterior poesía filosófica:
 

¡Oh Dios! Si no permites que el vaso se desborde
¿Porqué lo llenas tanto? y si así lo colmaste,
déjalo que descanse...Déjalo que se vierta! (20)


Cabe destacar tanto en Impotencia como en Ofertorio, el hecho de que ambos están concebidos a partir de una perspectiva femenina, esto es, se subraya el haber sido escritos por una mujer: "Mi pobre corazón de mujer". Bien es cierto que no se trata de un dato generalizable a todo el conjunto del cuaderno puesto que en ocasiones Angela disfrazará su personalidad tras un yo masculino ficticio. Sin embargo, cuando da rienda suelta a sus sentimientos más profundos no duda en recurrir al protagonismo femenino.

Partiendo de estos planteamientos, se descubre una metapoética que considera la poesía como desahogo, como válvula de escape al sentimiento y ello se hace más evidente en las reiteradas exclamaciones que salpican estas páginas. Es una concepción romántica que parece dejar en un segundo plano los aspectos estilísticos y formales. Lo fundamental es sacar a la luz lo que la persona guarda en su interior. Para ello hay que contar con la inspiración como estado mágico en el cual la poetisa puede construir su obra. O al menos así se señala en Nocturno(21)

¿O al vate cuyos versos te canten al oído
las ruinas prodigiosas que su alma ha concebido
en férvidos instantes de mágna inspiración...


De igual manera, se viene a equiparar la bondad de un libro a la capacidad de emocionar a su lector, de hacerle llorar (22)

aquel libro emocionante que llegó a hacerle llorar...


Sin embargo, la misma actitud arrebatada llevará al sujeto poético a rechazar la literatura en los momentos de desesperación: 
 

Odio todos los libros: Sus letras mentirosas
dicen placer y amores y hazañas venturosas
en que otros encontraron la gloria de vivir,
y hieren las dolientes fibras de mi sentir (23).


Sería el origen de dichas reacciones el abismo existente entre la vida, mostrada a través de la literatura como llena de contrastes, aventuras, satisfacciones y emociones, frente a la rutina cotidiana, gris y uniforme, soledad sin amor: 

Mi vida, toda invierno, no tuvo primavera.
No conservo ni el dulce recuerdo de una flor.
En mí todo es ocaso. No luce ni un albor... (24)


Todas estas concepciones, de aliento ciertamente romántico y modernista, van a sufrir importantes transformaciones en posteriores trabajos. Así, la "etapa subjetiva" muestra una poesía creada a partir de presupuestos muy distintos aunque sean muchos los nexos que relacionen ambos períodos. Entre una y otra poesía subyace todo un proceso de maduración personal, trágicamente agudizado por la guerra.

*Notas

11. "Por entonces -se refiere el autor a los años de Bachillerato- se lanzó a escribir poesía que no conservó pues cuando mayor destruía todo lo por ella creado. al no ser ya de su agrado". (Roselló, J. M.: "La poetisa popular...", op.cit. Pág. 11).
12. A pesar de ello sí ha sido publicado alguno de los poemas que figuran en el cuaderno. Véase apéndice final del libro.
13. Saladrigas, R.: "Monólogo con ..:' op.cit. Pág. 48.
14. CI pp. 1 y 102 respectivamente.
15. No resulta casual el que muchas de estas consideraciones puedan estudiarse también en la obra de Bécquer quien, por ejemplo, afirmaba que "la poesía en el hombre es una cualidad puramente del espíritu; reside en su alma, vive con la vida incorpórea de la idea y para revelarla necesita darle una forma" y que "el genio verdadero tiene (...) atributos extraordinarios (...) .Yo, sin embargo, la comprendo; la comprendo por medio de una revelación interna, confusa e inexplicable", ("Cartas literarias a una mujer" de G.A. Bécquer, carta I, recogida en Poética para un poeta. 'Las cartas literarias a una mujer' de Bécquer, de Francisco L6pez Estrada. Editorial Gredos. Madrid, 1972. Pp. 221 y 222).
16. OC pág. 138.
17. CI pág. 1.
18. CI pág. !02.
19. La primera rima becqueriana plantea esa misma grandeza hiperbólica del poema:
 
Yo sé un himno gigante y extraño 
que anuncia en la noche del alma una aurora
y estas páginas son de ese himno
cadencias que el aire dilata en las sombras.
(Rimas. Editorial Bruguera. Barcelona, quinta edici6n, 1973. Pág. 49).
También en el caso de Bécquer resulta "vano luchar; que no hay cifra / capaz de encerrarle".

20.
Similar imagen aparece en Mi niño dormido, CI pág. 126:
Toda la poesía del Bien y la Belleza
se encierran en el vaso de una vida que empieza.
21. CI pág. 119. En las Rimas de Bécquer surge una concepción similar:
sin embargo, esas ansias me dicen
que yo llevo algo
divino aquí dentro.
(Rima VIII, op.cit. Pág. 611.
22. Muerta, CI pág. 97. 
23. Desesperación, CI pág. 92. 
24. Ibídem.

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